Un campo de batalla, más que un club

Víctor Manuel Gálvez, junto a su hijo, en el palco del Martínez Valero el pasado sábado./Vicente Vicens / AGM
Víctor Manuel Gálvez, junto a su hijo, en el palco del Martínez Valero el pasado sábado. / Vicente Vicens / AGM

El Murcia 2017-18 ha sido un volcán: de Raúl Moro a Víctor Gálvez pasando por De la Vega, que pelea por recuperar la propiedad de la entidad. La crisis institucional en el palco hizo mella en un vestuario que, pese a todo, llegó al 'playoff'

José Otón
JOSÉ OTÓNMurcia

La temporada 2017-18 ha sido de todo menos tranquila para el Real Murcia. El conjunto grana, sumido en una gran crisis institucional y económica, ha sido un campo de batalla en el que las noticias extradeportivas se han ido sucediendo una tras otra. De ahí que la plantilla grana, a pesar de caer en la primera eliminatoria del 'playoff', pueda irse de vacaciones con la cabeza alta pese a no haber cumplido el objetivo inicial: el ascenso.

La entidad murcianista, desde que arrancó el curso en el pasado mes de agosto, ha sido un volcán en erupción. De hecho, ha tenido tres presidentes en apenas diez meses, tres propietarios diferentes, tres entrenadores, otros tres directores deportivos y hasta dos marcas de ropa y equipaciones distintas. Incluso, debido a los problemas organizativos de la primera parte de la temporada, la primera plantilla grana tuvo que entrenar en varias instalaciones diferentes: desde la habitual de Cobatillas, que no tuvo un césped en condiciones hasta mediada la temporada, pasando por el complejo Pinatar Arena y los campos de césped artificial de la Universidad de Murcia. Hasta La Manga Club recibió al Murcia en alguna ocasión. Incluso el pasado 8 de noviembre el Real Murcia protagonizó un episodio poco habitual en un club tan profesional como el grana, cuando se desplazó por la mañana a Totana para ejercitarse y tuvo que volverse sin poder hacerlo tras comprobar el mal estado del terreno de juego elegido para la ocasión.

Un caos que fue un reflejo de lo que sucedía en los despachos de la Nueva Condomina, donde hasta tres personajes diferentes se han sentado en el trono presidencial de este club centenario durante la actual campaña. Arrancó el curso Raúl Moro, aunque el extremeño, que dejó de poner dinero en la entidad grana al final de la campaña 2016-17, tuvo que dejar su sitio a Miguel Martínez, uno de sus consejeros de confianza, que fue el encargado de liderar oficialmente al Murcia desde el 13 de marzo de 2018, la fecha de su nombramiento.

Miguel Martínez hizo de presidente puente entre Moro y Gálvez, igual que Basadre, el interino que precedió a Salmerón

Martínez se decantó posteriormente por el Grupo Gálvez en detrimento del mexicano García de la Vega y el pasado 11 de abril, tras una Junta de Accionistas caliente y conflictiva, cedió el testigo al empresario oriolano Víctor Gálvez. El número de consejeros también fue descomunal ya que además del propio Moro, Miguel Martínez y Víctor Manuel Gálvez, también han sido dirigentes de la entidad Deseado Flores, José Carrilero, Enrique López, Gabriel Torregrosa, Juan Merino, Víctor Valentino Gálvez, Roberto Cases, Carlos Quinto y Eduardo Tomás.

Los exconsejeros López, Settels, Merino y Gabriel Torregrosa no cedieron a las presiones de Moro y Gálvez y se marcharon

La pelea por la propiedad del club también ha sido encarnizada en el último año. Raúl Moro, que se hizo con el 84% del paquete accionarial de la entidad tras desembolsar 150.00 euros a los herederos de Jesús Samper, se desprendió del club grana al no poder hacer frente a sus obligaciones económicas. Y eso que Moro, ante sus consejeros, se comprometió el pasado verano a hacer frente a los gastos que no pudieran cubrir los ingresos del club para este curso, aunque luego no fue así. El extremeño cedió la entidad a Mauricio García de la Vega, que ejerció una opción de compra el pasado 7 de marzo, aunque unos meses más tarde el propio Moro volvió a vender la entidad a Víctor Valentino Gálvez, alegando que De la Vega no había cumplido las condiciones necesarias para la venta. El lío aún no se ha resuelto y está en manos del TAS y el CSD.

Sueldos elevados

Pero además de por los impagos, los continuos cambios en sus superiores han afectado a la plantilla grana, que ha visto que las promesas que recibieron se difuminaron una y otra vez. La plantilla fue diseñada por Deseado Flores, que tiró de contactos y de los servicios de Juanma Barroso para construir un grupo de futbolistas con sueldos astronómicos para la Segunda B. Pero con la llegada de García de la Vega al Murcia, al que Moro concedió el poder total, llegó Pedro Gómez Carmona, que sustituyó a Flores y se encargó de reforzar a los granas en el mercado invernal. Pero con la salida del mexicano y la llegada de la familia Gálvez, también llegó Toni Hernández, que a su vez sustituyó a Gómez Carmona, que sobrevivió a la criba en la que también estuvieron Pedro Reverte y Óscar Sánchez.

Hernández quiere renovar a un Salmerón, que sucedió en el banquillo grana a Manolo Sanlúcar, al que los futbolistas de la plantilla grana acusaban de no entrenar lo suficiente, y a Víctor Basadre, técnico interino que hizo de puente entre el gaditano y el almeriense. De hecho, Salmerón manifestó el sábado que se quedará en el Murcia si el club arregla sus problemas institucionales. Y es que la campaña ha sido tan volcánica que el Murcia ha tenido hasta dos marcas de ropa diferentes.Arrancó con la inglesa Umbro y ha acabado la Liga con Hummel.

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