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Liga adelante
Jugó una mala primera parte y Mauro fue expulsado antes del descanso pero gracias a la entrega y a la lucha de los futbolistas se mantuvo el empate
23 de febrero de 2013
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EVA FRANCO.-

El Real Murcia se resiste a perder. Ayer dejó escapar dos puntos, pero ganó crédito y moral. Contra el Numancia dio una lección de pundonor, de lucha y entrega para superar una nefasta primera parte, la expulsión de Mauro y jugar más de cincuenta minutos en inferioridad numérica. Y a pesar de todo, solo el equipo de Onésimo mereció ganar, porque solo el Real Murcia se acercó a la portería rival y tiró a puerta. Sufrió en defensa e intentó lo que pudo en ataque, donde la falta de gol sigue siendo preocupante. Al final del partido, tras noventa minutos extenuantes, el juego no lo condecoró con una victoria, pero se queda con un punto que vale mucho más que un empate por el mérito y el sacrificio que costó mantenerlo.

Porque cuando Mauro dos Santos le hizo una falta necesaria a Natalio cuando se iba directo al área y vio la cartulina roja, solo unos segundos después de ver la amarilla por parar el juego del Numancia en el centro del campo, la tragedia se comenzó a mascar en la Nueva Condomina. Al equipo grana solo le valía la victoria, pero se avecinaba otra derrota.

Hasta ese momento el Real Murcia no había hecho ningún mérito. Necesitaba los puntos, pero la presión y la intensidad la ponía el Numancia, que no dejaba respirar a su rival. Cuando los grana tenían la pelota se atascaban y no había forma de llegar al área rival. El juego directo no funcionaba y los futbolistas con más talento apenas habían enlazado una o dos jugadas. El resultado fueron cuarenta y cinco minutos sin ocasiones, con algún disparo sin peligro y mucha presión de los visitantes para quitarle el oxígeno al Murcia y no dejarlo respirar.

Así estaba el juego cuando Mauro dos Santos se fue a la calle. Acababa de ver la amarilla y sin tiempo vio la rajo directa. La victoria comenzaba a esfumarse en un partido marcado por el fuerte viento y el intenso frío.

Aguantó el Murcia los minutos que quedaban hasta el descanso, salió Jorge, que de seguir así va a terminar la temporada demostrando que es el mejor central del equipo por su regularidad a pesar de que es el suplente, y el partido, lejos de convertirse en un monólogo del Numancia en busca del gol y de la victoria, pasó a las manos del Real Murcia.

Primero el equipo de Onésimo se ordenó, se centró en defensa y aguantó al rival. Después fue tomando la iniciativa, aunque con mucho esfuerzo, ya que llegar al área del Numancia requería muchos metros, correr y driblar en solitario para disparar casi ya sin aliento. Así lo intentó Kike pero la tarea era demasiado descomunal para un futbolista solo. Y cuando el equipo grana vio que atacar era posible, salió al campo Nico Martínez y revolucionó el juego.

El Real Murcia perdió el miedo, miró al rival de frente y tuvo sus mejores ocasiones. La de Óscar Sánchez no entró porque a veces, en el fútbol la fortuna también juega. Llegó en carrera y desde atrás golpeó el balón fuerte. Iba directo a la red, pero en el camino la pelota se estrelló con el pecho del portero Herrerín. Fue la mejor ocasión, pero no la única, porque unos minutos después, Molinero, en colaboración con los defensas visitantes, estrelló el balón en el palo de su propia portería.

El Real Murcia atacaba, pero también defendía. Subían y bajaban los jugadores, tapaban los huecos y se ordenaban atrás. Y en esa tarea José Luis Acciari sacó todos los galones y demostró por qué es un ídolo para la afición. Olvidado y desplazado en el primer tercio de la Liga, cuando las cosas iban mejor, el equipo lo ha reclamado ahora que Nafti está lesionado. El argentino ha vuelto para demostrar que es un profesional, un veterano, que sabe callar a sus compañeros cuando se lanzan a protestar al árbitro, que lucha hasta el final y que le queda fútbol de sobra cada vez que el Real Murcia lo necesita.

Acciari es una garantía y el trabajo y la lucha de este Real Murcia también. Tras una lamentable primera parte, el equipo se recompuso a base de voluntad. Y con esa actitud y esa convicción para nunca darse por vencido, gane unas veces, empate o pierda otras, su capacidad de sacrificio al final le dará la recompensa. Antes tendrá Onésimo que solucionar dos importantes problemas; uno la falta de gol, el otro qué hacer cuando la pelota está en los pies de sus futbolistas.

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