La Verdad
Real Murcia
2000. Varios policías se llevan detenido a un ultra del Murcia en el último derbi en el que se vieron esvásticas y banderas franquistas, en la vieja Condomina | 2012. Una pareja, él del Efesé y ella del Murcia, se besa en la puerta principal del estadio Nueva Condomina, en un derbi en el que unos 1.500 aficionados cartageneros se desplazaron hasta Murcia. / J.L. y V.V./ AGM

Fútbol | Segunda B

De máximo a mínimo riesgo

  • Los altercados van a menos y los dos últimos derbis han sido los más tranquilos de la historia. Un centenar de policías velarán por la seguridad este sábado, en un duelo cada vez menos conflictivo gracias al aumento en la dureza de los castigos

Muy lejos quedan ya aquellas imágenes de los años 70, con aficionados cartageneros escondidos tras los eucaliptos de la vieja carretera de Murcia, a la altura de Santa Ana y Miranda, con los bolsillos bien cargados de piedras para lanzarlas al paso de los autocares que llevaban de regreso a la capital a los futbolistas y aficionados del Real Murcia. También están ya olvidadas aquellas estampas de ultras granas con esvásticas y banderas preconstitucionales arrasando con todo lo que pillaban a su paso, camino del Cartagonova, tras desembarcar sin previo aviso y lejos del control policial en el centro comercial Eroski. Son los símbolos de la 'historia negra' del derbi de los cien años.

Pedradas, golpes, antidisturbios a la carrera, arrestos varios y algunas detenciones son ya, eso sí, simplemente historia de un duelo de rivalidad que ya hace un siglo, en julio de 1916, desataba grandes pasiones a ambos lados del Puerto de la Cadena. Entonces, sin policías ni apenas periodistas, se enfrentaban el Sporting Club Carthago y el Atletic de Murcia. Este sábado, con 125 agentes desplegados y casi un centenar de periodistas acreditados, se verán las caras el FC Cartagena y el Real Murcia en un partido absolutamente apasionante. Tan excitante como seguro. Porque afortunadamente las cosas han cambiado bastante. Y para bien.

Como siempre que albinegros y granas se ven las caras, la Comisión Antiviolencia ha declarado el partido de alto riesgo, lo que supone incrementar todas las medidas de seguridad, multiplicar por diez el número de policías que velarán por la integridad de los que vayan a ver el encuentro (el club albinegro espera una afluencia de diez mil espectadores, aunque hasta ahora solo se han vendido tres mil entradas) y controlar desde el principio hasta el final el masivo desplazamiento de los aficionados murcianistas. Ya se han llenado 17 autobuses, los peñistas granas esperan llegar a los 25 y lo normal es que más de 2.000 seguidores del conjunto de la capital animen a su equipo este sábado desde el fondo norte del recinto de Benipila.

En la Comisaría de Cartagena entienden que cualquier precaución es poca ante un acontecimiento de esta índole, un derbi que tiene un pasado feo, donde es verdad que la sangre casi nunca llegó al río pero en el que siempre tuvieron que emplearse a fondo los efectivos policiales para evitar males mayores. Ese es el pasado. Lo peor ya pasó. Los partidos más calientes fueron siempre los del Almarjal. Allí era habitual que futbolistas y aficionados visitantes salieran del campo apedreados. Pero en el Cartagonova y en La Condomina, tanto en la vieja como en la nueva, también hubo incidentes en este siglo XXI. Y por eso, aunque los dos últimos derbis han sido los más tranquilos y deportivos de la historia, siempre es mejor prevenir que curar.

En noviembre de 2009, por ejemplo, tras el 1-4 del Efesé de Juan Ignacio al Murcia de José González, la Policía Nacional detuvo a dos individuos en los alrededores de Nueva Condomina. Los dos pertenecían a un grupo ultra del equipo local y agredieron a aficionados del Cartagena cerca de las galerías comerciales contiguas al estadio. Unos minutos después de terminar aquel encuentro, con los antidisturbios centrados en vigilar la salida de los autocares de aficionados cartageneros, un individuo con botas militares y estética 'skin' asestó varios golpes en la espalda, con una cadena, a un aficionado del Cartagena que iba camino de su coche, con una bufanda del Efesé, con la leyenda Antimurciano, impresa en la misma. La policía intervino rápido y se llevó al supuesto agresor, mientras que una ambulancia de Cruz Roja atendía al agredido en el mismo lugar.

En el partido de vuelta, jugado en abril de 2010, aficionados murcianos, que viajaban junto a sus familias en los autobuses que la Fepemur había fletado, fueron apedreados, tanto a la llegada como a la salida de Cartagena, recibiendo varios impactos en los autobuses y rompiendo lunas en cuatro de los catorce autocares que aquella mañana salieron desde Murcia.

Además, los peñistas de la entidad grana calificaron aquel día como «lamentable» la actuación policial, ya que fueron «escasos los esfuerzos para evitar que se produjeran este tipo de incidentes». Un portavoz de la Policía Nacional negó estas acusaciones e informó de que aquella mañana hubo en el Cartagonova 140 antidisturbios llegados desde Sevilla, Valencia y Madrid. Los aficionados del Murcia, ubicados en la zona baja del fondo norte, se quejaron de que durante el partido les cayó todo tipo de líquidos, lanzados por aficionados locales que estaban situados en la zona alta del mismo fondo. Antes de aquel partido, la Policía detuvo a tres ultras del Murcia por lanzar piedras desde el campamento festero a seguidores locales.

Multas ejemplarizantes

Lo de lanzar piedras a los aficionados del otro equipo fue siempre una lamentable tradición en este tipo de partidos. En los 90, ya hubo disturbios en la vieja Condomina cuando los ultras albinegros eran ubicados en la parte más alta de la tribuna principal. Las cosas han mejorado mucho en los últimos tiempos, especialmente a partir de los derbis de la campaña 2011-12, cuando la Comisión Antiviolencia empezó a a aplicar de manera casi consuetudinaria su código de sanciones a los aficionados que tenían un comportamiento indebido antes, durante o después del partido. Estas multas (la mínima es de 3.000 euros y prohibición de acceso a recintos deportivos durante seis meses) han logrado que el cafre de turno se lo piense dos veces antes de tirar una piedra o lanzar una botella.

De este modo, el derbi del pasado mes de diciembre, con siete mil murcianos y casi tres mil cartageneros en la Nueva Condomina, fue un ejemplo de lo que debería ser siempre un partido de este calado: una fiesta del fútbol regional en la que cada uno anima a su equipo y los policías son simples espectadores en las gradas. Aún está lejos el día en que ambas aficiones se hermanen, como sucede en el derbi vasco, pero es evidente que lo peor ya ha pasado.