La Verdad

Real Murcia

La Nueva Condomina ya no es un fortín (0-1)

  • El Real Murcia pierde ante el San Fernando en casa y la grada la toma con los jugadores granas

Lo peor de la tarde futbolística de este sábado en la Nueva Condomina no fue que el Real Murcia perdiera 0-1 contra el humilde San Fernando, fue aún peor la desconexión que se sintió, por primera vez en esta temporada, entre la grada y los futbolistas que defendían la camiseta grana. Lo que otras veces fueron aplausos y gritos de ánimo ante combinaciones erráticas, remates escorados o fallos defensivos, este sábado se convirtieron en reproches y síntomas de desaprobación hacia un Real Murcia que se fue poniendo cada vez más nervioso. Si durante todo el partido el equipo grana fue como una cerveza que lleva dos días abierta en la nevera (sin presión ni fuerza para intimidar al rival), en los últimos minutos los de Paco García fueron un manojo de nervios, un equipo que se estrelló una vez tras otra contra el muro de su propia inoperancia.

Que parte de la grada le recomendara a Paco García, en plena momento de frustración, que para el próximo choque en casa sacara a los jugadores del Imperial en vez de a los del primer equipo (literal), no hizo sino agudizar la falta de confianza de un grupo de jugadores que nunca se han visto en otra igual y que, quizás, no sean los grandes culpables de que el Murcia esté metido en los puestos de abajo y no cerca del 'playoff' como se presumía a principio de temporada. Es evidente que el Real Murcia actual del pico y pala en lo económico no tiene el potencial de otros equipos de la categoría, pero tampoco tiene excusa que justifique estar tan abajo en la tabla clasificatoria.

Ante el San Fernando ni siquiera se vio al Murcia atrevido de otras veces en casa, que se creyó solventar para tumbar a sus rivales a base de toques y fútbol de salón. Estuvo maniatado por los gaditanos, que pese a ser un recién llegado desde Tercera, mostró más tablas y saber estar que su rival. A pesar se dejó impresionar por los disparos lejanos y sin veneno del equipo grana y excepto un cabezazo de Wilson Cuero que se fue cerca del palo, no vivió en el alambre en ningún momento. Tampoco se dejó impresionar por los remates de Roberto Alarcón o Isi y mantuvo a cierta distancia a un Murcia sin último pase. Parecía un sinsentido que Paco garcía, precisamente, dejara en el banquillo a Javi Saura, el jugador con más imaginación de la plantilla e ideal para romper defensas como la de ayer. Y como el equipo grana es un cero a la izquierda en cuanto a jugadas de estrategia se refiere, se fue al vestuario al descanso con un empate a cero que fue un fiel reflejo de lo sucedido en el césped.

Un zarpazo

Lo peor es que el San Fernando olió sangre y trazó un plan para tumbar al Murcia. Ya lo hizo con el Mérida y el Lorca, otros dos gigantes del grupo que habían arrancado el curso renqueando, y se dispuso a hacerlo también con el Murcia. Y tras una buena salida del equipo grana en la segunda mitad en la que disfrutó de su mejor ocasión con una combinación entre Germán (que dejó pasar entre las piernas un balón en la frontal, Wilson (recibió de espaldas y una asistencia perfecta) e Isi (la tiró fuera con toda la portería para él), llegó el zarpazo del San Fernando que se aprovechó de un contragolpe en el que Edgar cabeceó pegado al palo ante un Diego Rivas que nada pudo hacer. Incluso cuatro minutos más tarde Calarrelo, el máximo goleador de los gaditanos, tuvo un mano a mano que el portero grana acertó a parar cuando el 0-2 ya se dejaba ver en el marcador.

Después del mazazo Paco García, vía teléfono móvil ya que cumplía su segundo partido de sanción, metió a Golobart por el lesionado Sobregrau y a Javi Saura por un Jon Iru gris. Pero, aunque el equipo grana comenzó a vivir muy pegado al área rival, tampoco encontró un último pase definitivo para el gol. Alguna vez Titi, un gran centrador, buscó a sus compañeros en el segundo palo, pero solo se encontraba con un Isi inofensivo ante los centrales rivales, más fornidos y musculosos. Ése no era el plan, pero el Murcia se ponía cada vez más nervioso, más impreciso, más presionado por su propia hinchada que ya no aguantó más. Una hinchada que hasta este sábado había comprendido que su joven equipo necesitaba tiempo para madurar y hacerse poco a poco. Ni las apariciones de Germán, que demostró tener un punto de peligrosidad por encima de sus compañeros, ni un disparo a la escuadra de Isi en el tramo final que sacó Salva con una mano providencial, sirvieron para suavizar los ánimos de una grada que empieza a asimilar que este año quizá no haya ascenso, ni a este paso tampoco 'playoff'.

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