¿Dónde estás, Raúl Moro?

CÉSAR GARCÍA GRANERO

El TAS, como se suponía, ha dejado en evidencia a un Raúl Moro que nunca terminó de irse y deja una herencia emponzoñada: más deuda, más desasosiego y un episodio esperpéntico que añadir a la jironeada historia del Murcia, el gran perdedor de nuevo. Cada año que pasa este Murcia no está más viejo, sino más mortificado. La etapa de los Samper desembocó en Moro, pero aquellos al menos subieron al cielo antes de bajar a los infiernos. Moro no. El hombre que vino en silencio -tardó no sé cuánto en hablar a su llegada- sigue enmudecido y, por lo que parece, pasará a la historia negra del Murcia sin decir ni pío. Lo peor es que no se va de rositas: su paso deja tierra quemada.

Al Murcia llega ahora un dueño que no puede verse ni en pintura con sus actuales ocupantes, ni con la gente que estos trajeron, que tiene una plantilla a medio hacer, un entrenador nuevo y hasta jugadores como Armando que tomaron partido en su contra con una claridad cuando menos poco razonable. La situación es de todo menos de paz. Con la Liga a la vuelta de la esquina, De la Vega tiene que desalojar a los Gálvez, armar la plantilla, hacer frente a lo que otros firmaron y ofrecer credibilidad a unos jugadores que nadan en el escenario que más temen: el de la incertidumbre.

La realidad del Murcia es una realidad en construcción. El Murcia está en el andamio cuando todos miran desde las alturas. ¿Alguien piensa en el balón?

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