Betis, Depor y Eibar, un espejo en el que mirarse

Los consejeros Higinio Pérez y Enrique López, ayer, en la Nueva Condomina. / vicente vicens / agm
Los consejeros Higinio Pérez y Enrique López, ayer, en la Nueva Condomina. / vicente vicens / agm

El nuevo Consejo del Real Murcia trabaja para que el club pase a ser propiedad de miles de murcianistas

José Otón
JOSÉ OTÓN

El Real Murcia pasa por un momento crítico del que podría salir fortalecido. Una situación extrema que podría ser un punto de inflexión en su historia. La tercera fase de la ampliación de capital vigente que estaba abocada al fracaso de la mano de Víctor Gálvez, expresidente del club, puede transformarse ahora en la rampa de despegue de una entidad cuyo futuro está en manos de los murcianistas. De ser un club gestionado por una sola persona (Samper, Moro o Gálvez, por ejemplo) a transformarse en un modelo de propiedad colectiva.

El murcianismo tiene hasta el próximo 23 de noviembre, fecha en la que acaba la ampliación de capital, para mirarse en el espejo de otros clubes de fútbol que han cambiado de fisionomía en los últimos años y que han pasado de ser propiedad de uno, o un reducido grupo de empresarios, a pertenecer a una gran masa social, con voz y voto en las decisiones de su club. Un modelo de socialización y educación en el que ser propietario del club de fútbol de tu localidad es un motivo de orgullo y pertenencia. Si la tercera fase de la ampliación de capital sigue disparando el interés de los murcianos, e incluso aficionados de fuera de las fronteras regionales, como hasta ahora, el Murcia podría sobrevivir sin la llegada de un gran mecenas.

En España, los ejemplos más claros son los del Deportivo de la Coruña, el Betis, el Eibar y la Real Sociedad. En el club gallego, la ampliación de capital llevada a cabo desde noviembre de 2015 hasta marzo de 2016 sirvió para que esta entidad pudiera solucionar su problema con Hacienda y para alcanzar una cifra de 25.400 accionistas, de los que ninguno supera el 3% de la propiedad. Una atomización llevada al extremo que da vigorosidad a un club que llegó a acumular una deuda cercana a los 100 millones de euros y que estuvo cerca de desaparecer.

En Alemania, y de forma obligatoria, los aficionados deben ser los propietarios del 51 % de las acciones

Igual que el Betis, que después de la ampliación de capital de 2017 cuenta con más de 14.000 accionistas, entre los que se encuentra el futbolista Joaquín, que posee el 2% del club de su vida. Lo mejor para el Betis es que los dos máximos accionistas, Ángel Haro y José Miguel Catalán, no poseen más del 10% del equipo sevillano y están condenados a entenderse con todos los demás para gobernar. Aunque hay otros pequeños propietarios que tampoco acumulan más del 7% de la propiedad, lo mejor es que el 54,80% del accionariado está repartido entre otros 14.000 accionistas, que además tienen derecho a voto en las asambleas del club verdiblanco.

El caso del Eibar también es llamativo, ya que tras ascender a Segunda División en 2014 se vio obligado a convertirse en sociedad anónima deportiva, a pesar de que no tenía deudas. Cada acción costaba 50 euros y finalmente la campaña se convirtió en un éxito a nivel mundial. Acudieron cerca de 11.000 accionistas, entre los que se encontraban aficionados de 48 países diferentes, como Estados Unidos, China, Indonesia o Singapur, entre otros. En la Real Sociedad, otro de los clubes modélicos del fútbol español, la propiedad se reparte entre 14.340 propietarios y ninguno de ellos tiene más del 5%.

El club verdiblando tiene 14.000 accionistas, 10.000 menos que el equipo coruñés

El mejor ejemplo en Europa es el del fútbol alemán. Desde hace años la Bundesliga obliga a los equipos de fútbol a que el 51% de su accionariado esté en manos de los aficionados, una medida que impide el desembarco de jeques o grandes propietarios extranjeros, como ha pasado en el fútbol inglés o el español. De esta forma, un equipo como el Bayern de Munich solo ha dado entrada a cuatro grandes empresas, entre ellas Adidas y Audi, que solo han podido comprar el 10% de la entidad de Baviera. Esta medida ha hecho que los estadios alemanes estén llenos y que, según las últimas auditorias, en el conjunto de los equipos germanos de las dos máximas categorías la deuda sea cero al final de la temporada.

El futuro mapa accionarial

Cabe recordar que antes del arranque de la actual ampliación, el máximo accionista del Real Murcia era Raúl Moro y su empresa Corporación Empresarial Augusta. Esta firma poseía el 84% de las acciones, según el libro de socios de la entidad, a falta de que el Juzgado Mercantil le dé la razón o no al empresario Mauricio García de la Vega, que asegura haber comprado dicho paquete, avalado por el TAS y El CSD. En todo caso, y siempre y cuando el propio Mercantil no frene la ampliación (dada la situación de quiebra económica de la entidad parece poco probable), ese 84% ha quedado diluido por la compra de 200.000 euros en acciones por parte de Tornel.

Como el capital social del club antes del arranque de la ampliación era de 178.000 euros, ahora mismo el notario murciano podría poseer un porcentaje superior al 50%, mientras que Moro o García de la Vega estarían por debajo de esa cantidad y pasarían a ser el segundo gran accionista de la entidad. El resto estaría repartido en pequeños propietarios. Eso sí, de seguir este ritmo de venta de acciones a través de la campaña 'hazlotuyo', y a falta de la llegada de empresas que puedan adquirir paquetes de acciones de 12.200 euros, el capital social del Murcia podría quedar muy atomizado. Tornel podría seguir siendo el máximo accionista, y Moro o García de la Vega el segundo, pero con unos porcentajes muy inferiores a los que tienen actualmente.

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