El color grana brilla tras el apagón

Aficionados de Lateral Alto, con la linterna del móvil, en el momento del corte de luz. / J. M. RODRÍGUEZ / AGM
Aficionados de Lateral Alto, con la linterna del móvil, en el momento del corte de luz. / J. M. RODRÍGUEZ / AGM

El Cartagonova sufrió un corte de luz y el partido se detuvo durante diez minutos. A algunos hinchas granas se les fue la mano en la celebración del empate, rompiendo butacas y una valla y dañando los aseos

RUBÉN SERRANO CARTAGENA.

Pasaron diez minutos. Diez minutos de penumbra. De reflexión. De estirar las piernas en el césped y de utilizar la linterna del teléfono móvil en la grada. El estadio Cartagonova se quedó anoche a oscuras, tras un corte de luz de Iberdrola que afectó al videomarcador, a las dos torretas y a la hilera de luminarias de Benipila. También a las cercanas calles Luis Calandre y Soldado Rosique. Y el partido no se demoró más, cuando corría el minuto 71, porque el Ayuntamiento siempre dispone de un grupo electrógeno, que evitó un mal mayor. El caso es que, concluido ese periodo de fundido a negro, solo el color grana brilló: llegó el obús de Armando, la falta de picardía de Aketxe en una cabalgada para habilitar a Santi Jara y la diana de Chumbi. Al Efesé ya se le fundieron los plomos antes, pero ese parón fue la guinda. Todo lo peor, sucedió ahí. Empate. Jolgorio grana y funeral albinegro. Diversión visitante y rostros cariacontecidos en la parroquia local.

Probablemente ese momento sin luz rompió la monotonía de un derbi descafeinado, tanto en la grada como en los prolegómenos. Los más de 12.000 espectadores que presenciaron el partido se vinieron arriba cuando se cortó la luz. Granas y albinegros intercambiaron cánticos en el parón. Los primeros gritaban: «Esto no es un campo, es un futbolín»; y los segundos respondían: «¡A Tercera!». También se escucharon referencias al pasado albinegro: «A refundarse» y «Sois el Balsicas» fueron un claro ejemplo de ello. Porque hasta ese momento, apenas hubo animación. Mucho ruido durante la semana y pocas nueces a la hora de la verdad.

Algo está cambiando. Sería por la falta de aliciente competitivo del Real Murcia. O por la pura monotonía de dos clubes ya demasiado acostumbrados a verse las caras en Segunda B. El caso es que apenas hubo aspectos destacables en el ambiente, con pocos piques y cruces de mensajes y sí mucha cordialidad, con hinchas mezclados entre sí a la llegada de los dos autobuses.

De la ola a la amargura

El primer aliento lo dieron unos 2.000 del Efesé y cerca de medio millar del Real Murcia. La Policía Nacional separó a ambos grupos, antes, durante y después del partido. Algunos hinchas granas desplazados a Benipila entraron y salieron sin complicaciones del fondo norte, no sin antes arrancar un puñado de butacas y dañar los aseos de esa zona del campo. También rompieron una valla metálica del anillo inferior, y esos hinchas fueron indentificados por la Policía Nacional. Ya ocurrió algo similar en el derbi de la temporada pasada. Los funcionarios, además, pidieron la documentación a al menos un par de jóvenes, antes del pitido inicial, y expulsaron a un albinegro del lateral. En todos los casos, por increpar.

La salida de los 22 futbolistas del túnel de vestuarios tampoco quedará para el recuerdo. El encuentro era declarado de alto riesgo y no estaba permitido el acceso de rollos de papel. Faltó color, cantar el himno y solo pareció animarse el fondo sur (más poblado por la reubicación allí de los abonados del fondo norte) y una pancarta diseñada por la peña Black & White Army. 'Real Murcia delenda est' (Real Murcia destruido), se podía leer. También las tropas de Carthagineses y Romanos, que desfilaron en el descanso. La hinchada del Real Murcia silbó a Elady, que pasó de puntillas; el exgrana Santi Jara celebró el gol y los visitantes acabaron el partido de fiesta, con un empate que supone una alegría, un dulce a una temporada de transición. Los albinegros enfilaron el camino a casa serios, enmudecidos. El Cartagena sigue atascado.