Gálvez se enfrenta a la afición

El presidente del Murcia, Víctor Gálvez, se toca la cara a modo de mofa desde uno de los balcones de la fachada principal de la Nueva Condomina. /RTVE
El presidente del Murcia, Víctor Gálvez, se toca la cara a modo de mofa desde uno de los balcones de la fachada principal de la Nueva Condomina. / RTVE

El presidente del Murcia y su hijo retaron a los seguidores desde un balcón a que subieran, viviéndose momentos de tensión antes del partido

ALBERTO GÓMEZ MURCIA.

El murcianismo vivió ayer otro episodio que evidencia la falta de normalidad que padece el Real Murcia. Las peñas habían convocado una concentración para quejarse ante los impagos y la situación que atraviesa el club y la protesta comenzó a tomar forma una hora antes del inicio del encuentro que jugaron ayer los granas contra el Talavera. Por la megafonía de la sede de la Federación de Peñas Murcianistas (Fepemur) se avisó de que su instalación se iba a cerrar para que comenzara el acto de protesta previsto.

Liderados por su presidente, Pablo Guzmán, los peñistas desplegaron una pancarta gigante con el lema 'Gracias por hacernos sentir vergüenza'. El mensaje se orientó hacia la fachada principal del estadio. Cuando la protesta llevaba unos diez minutos, los aficionados adelantaron su posición unos metros hasta posicionarse justo debajo de los balcones de la fachada principal de la Nueva Condomina. Todo estaba transcurriendo con normalidad, pero a los diez minutos entraron en escena el presidente del club, Víctor Gálvez, y su hijo y vicepresidente del Murcia, Víctor Valentino. El empresario de Orihuela insultó a los aficionados e hizo gestos indicando que se iba a marchar.

Su hijo también realizó gestos de burla y mofa a los aficionados mientras que un sonriente Toni Hernández veía la escena desde detrás. Los Gálvez aparecieron en el mismo balcón desde el que en la sonrojante tarde del 4 de septiembre asistieron a los insultos y amenazas que recibió Mauricio García de la Vega cuando trató de acceder a la Junta de Accionistas en la que se aprobó el proceso de ampliación de capital en el que se encuentra inmerso el club pimentonero en la actualidad.

Los agentes de la Policía impidieron que algunos seguidores accedieran por la tienda oficial tras las provocaciones de los Gálvez

Los gestos del presidente y el vicepresidente del Murcia elevaron la tensión. Padre e hijo fueron el centro de todas las críticas, insultos y acusaciones por la actitud que mostraron. Víctor Valentino llegó a hacer gestos invitando a los aficionados a que subieran, algo que encendió todavía más el ambiente. Al grito de «invasión», varios de los congregados en la explanada intentaron acceder al estadio por la puerta de entrada de la tienda oficial. Lo impidieron seis agentes de la Policía Nacional que se encontraban en el lugar y que tuvieron que repartir algún empujón para evitar males mayores. La valla metálica que protege la puerta de la tienda del club se deslizó para impedir que nadie entrara.

Entre cánticos como «hoy no te asomas, Gálvez, hoy no te asomas», «el Murcia somos nosotros», «paga o vete ya» y «nosotros no nos vendemos» los peñistas llevaron a cabo sus protestas en una concentración que duró menos de media hora. Después del esperpento protagonizado por los Gálvez, el presidente de la Fepemur, Pablo Guzmán, y uno de los fundadores de la federación como es Simón Gambín calmaron los ánimos y dijeron que «ahora lo importante es animar al equipo. Vamos todos dentro del estadio».

Se va antes del final

Cuando Gálvez, su hijo, Toni Hernández y Francisco Roberto Cases, secretario del Consejo de Administración del Murcia, aparecieron para ocupar sus asientos en el palco del estadio, recibieron una pitada atronadora. La contestación de Gálvez fue saludar haciendo nuevamente un claro gesto de mofa a la afición. A los pocos minutos, el presidente murcianista abandonó el palco y no volvió a aparecer. Es más, se retiró en su coche del estadio mucho antes de que finalizara el partido.

Al inicio de la segunda parte, Víctor Valentino, Cases y Toni Hernández demoraron su aparición unos minutos para no ser el foco de una nueva pitada, que sí que volvieron a sufrir al término del partido mientras aplaudían a los futbolistas.

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