La Verdad
Real Murcia

Manolo comió muy bien en el calabozo

  • ¿TE ACUERDAS?

  • El futbolista fue arrestado cuando hacía la mili por llegar tarde al cuartel tras un partido; el Murcia logró que le sirviera un restaurante

José Pardo Cano, entonces presidente del Real Murcia, removió Roma con Santiago en la temporada 1985-86. El club grana había fichado al extremeño Manolo, que tenía que incorporarse al servicio militar en la Comandancia de Marina de Barcelona, y el máximo dirigente grana, después de reunirse con cuantos mandos fue necesario, logró que el futbolista disfrutara de permisos especiales por su condición de deportista de élite. Manolo podía jugar los fines de semana con el Real Murcia y regresaba al cuartel una vez acabado el partido de turno, pero una de las veces volvió a Barcelona más tarde la cuenta y fue arrestado. Pasó catorce días en el calabozo. La reclusión impidió a Vicente Carlos Campillo, técnico grana, alinearlo en las dos siguientes jornadas, en las que el Real Murcia se enfrentó al Barcelona Athetic y al Málaga. Manolo estuvo dos semanas encerrado, pero comió muy bien.

Tras este contratiempo, Pardo Cano volvió a desplazarse a Barcelona para reunirse de nuevo con los militares, a los que convenció de que el jugador extremeño, como deportista de élite que era, tenía que estar bien alimentado. La propuesta del presidente grana fue escuchada y aceptada. Así, el delantero pasó dos semanas en el calabozo, pero cada uno de esos catorce días tuvo en su mesa un menú servido por un restaurante con el que había llegado a un acuerdo el presidente murcianista.

Esta anécdota es un claro ejemplo de hasta qué punto el Real Murcia ha cuidado a sus jugadores. O hasta qué punto algunos presidentes se han preocupado por el club que dirigían.

Ascenso a Primera

Manolo (Cáceres, 17 de enero de 1965) jugaba habitualmente de delantero, aunque también lo hizo de centrocampista. Debutó con 16 años en el Club Polideportivo Cacereño. Tras jugar dos temporadas en el Sabadell, en 1985 fichó por el Real Murcia, club en el que consiguió el ascenso a la Primera División en su primera temporada.

Su debut con la camiseta grana en la máxima categoría fue el 31 de agosto de 1986, contra el Real Madrid, en La Condomina. Ganaron los blancos (1-3) y Manolo marcó. Con el Real Murcia jugó dos temporadas en Primera y anotó 21 goles.

La Condomina fue el trampolín desde el que dio el salto al Atlético de Madrid. Se fue al Vicente Calderón en 1988. Los técnicos colchoneros vieron en el menudo futbolista grana a un jugador pillo, más que técnico, que sabía aprovechar muy bien sus recursos, su velocidad y su buen disparo. No necesitaba más que un pequeño regate rápido y un tiro para marcar. En Madrid ganó dos Copas del Rey y en la temporada 1991-92 marcó 27 goles y obtuvo el trofeo Pichichi.

El Murcia lo presidía Juan Garrido cuando se acordó el traspaso de Manolo. La negociación fue muy dura. Garrido, un hombre de fuerte carácter, se encontró en el Atlético de Madrid con otro presidente con una personalidad muy marcada. «Jesús Gil puede decir lo que quiera», soltó el mandatario grana para desmentir unas declaraciones en las que el presidente madrileño dio por cerrado el fichaje del delantero del Real Murcia.

El directivo murciano dijo bien alto que «Manolo puede irse cuando quiera si abona la indemnización que figura en su contrato, que es de 100 millones de pesetas». Añadió que el Sevilla, el Mallorca, el Barcelona y el Zaragoza también pretendían al futbolista y que quería escuchar sus ofertas.

Manolo acabó en el Atlético de Madrid y el Real Murcia cobró por su traspaso 83 millones de pesetas. Un dineral en aquellos años.