La Verdad
Real Murcia

¡Viva Honduras!

Figueroa lanza una falta al borde del área en un partido de la temporada 1982-83 / TOMÁS
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  • El exgrana Figueroa era un futbolista con una pegada brutal, capaz de enviar el balón a más de cien kilómetros por hora

Tenía potencia para lanzar una falta desde fuera del área y que el balón, tras dar en el larguero, saliera rebotado casi hasta el centro del campo. Tenía velocidad para recibir un pase en profundidad, zafarse de un defensa rival casi en la misma línea de fondo y culminar con un espectacular trallazo casi sin ángulo de tiro. También tenía un olfato goleador que lo convirtió en los años ochenta en un verdadero terror para los porteros. Con 22 tantos, es el máximo goleador grana en Primera División y uno de los jugadores más importantes de la historia del Real Murcia.

José Roberto 'Macho' Figueroa, ese gran delantero procedente de Honduras que caló muy hondo en la afición murcianista, fue un referente del Real Murcia durante cuatro temporadas (de la 1982-83 a la 85-86), en las que deleitó a su afición con algunas de las tardes más gloriosas vividas en La Condomina. Se caracterizó no tanto por la certeza de sus disparos, sino por la violencia con la que pegaba al balón. Fichó por el Real Murcia, entonces, como ahora, en Segunda, después de su participación con Honduras en el Mundial '82. A fuerza de goles, marcó 14 en su primer año como grana, contribuyó a que su equipo retornara a Primera.

Su debut en la máxima categoría fue contra la Real Sociedad en La Condomina. Marcó dos goles. A los 3 minutos lanzó un tiro libre con fuerza y habilidad y metió el balón junto a un palo. A los sesenta y ocho minutos avanzó por la derecha, salvó a un defensor y cuando un segundo jugador de la Real le salió al paso soltó un trallazo que entró junto al travesaño de la portería que defendía un sorprendido Arconada. Fue en ese partido en el que el suramericano dejó boquiabiertos a todos con un lanzamiento desde 35 metros en el que el balón se estrelló espectacularmente en el larguero y fue escupido por la madera casi hasta el centro del campo. El portero internacional donostiarra se quedó impávido. Fue su carta de presentación en Primera, en una temporada en la que marcó once goles. Los mismos que logró Maradona con el Barça y solo uno menos de los que sumó Hugo Sánchez, entonces en el Atlético de Madrid. El madridista Juanito (17 goles) fue el máximo goleador aquel año.

En la campaña 84-85, también en Primera, volvió a marcar once goles. Los mismos que Schuster con el Barcelona y ocho menos que Hugo Sánchez, que fue el delantero más efectivo. Su actuación más destacada fue ante el Málaga, en la tercera jornada. Anotó un 'hat trick' que le hizo ponerse al frente del trofeo Pichichi. Aquella temporada no fue buena para el Murcia, que bajó a Segunda. En 1986 dejó el club grana después de volver a ser el máximo goleador del equipo. Marcó quince veces y ayudó al regreso del Murcia a Primera.

Después de vestir la camiseta grana, Figueroa se enfundó la blanquiazul del Hércules, para después retornar a Honduras. Tras su retiro emigró a Estados Unidos.

El madridista Bale marcó un golazo al Elche el sábado 22 de febrero. Fue muy ensalzado. «Gol imparable a más de cien kilómetros por hora», se pudo leer en la prensa deportiva. El jugador galés del Real Madrid pertenece a la familia de futbolistas que poseen una pegada brutal, capaz de enviar el balón contra la portería a más de cien kilómetros por hora. Como lo es Cristiano Ronaldo y lo fue Roberto Carlos. El Real Murcia también tuvo a un jugador con un cañón en una pierna y fue Figueroa, el que calló al Almarjal (campo del Cartagena) el día de Reyes de 1983 marcando un gol antológico tras quebrar a un defensa rival casi en la misma línea de fondo y culminar con un espectacular zapatazo casi sin ángulo de tiro.

Recordado y muy querido en La Condomina

Con motivo del último partido que el Real Murcia disputó en el viejo estadio de La Condomina, el 11 de noviembre de 2006 ante el Polideportivo Ejido, el club homenajeó a los jugadores más emblemáticos de su historia. No faltó Figueroa, quien fue aclamado por la afición murcianista. El hondureño, entre lágrimas, declaró aquel día que la jornada que vivió le hizo sentir «una sensación muy bonita. Quería venir porque es una sensación [el cariño de la grada] que hacía mucho tiempo que no tenía».