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Txema Almela: soñador, motero y muy fan de Pérez-Reverte

Txema Almela: soñador, motero y muy fan de Pérez-Reverte
ALEX

Ha relevado a Víctor Gálvez en un club del que se enamoró escuchando los partidos por la radio en los años setenta

José Otón
JOSÉ OTÓN

A José María Almela Sánchez-Lafuente, nuevo presidente del Real Murcia, le gusta que le llamen Txema. No es por nada en especial, ya que la idea surgió después de un viaje al País Vasco, aunque el cambio le pareció divertido. Pero en el fondo no le obsesiona. No tanto, al menos, como su interés por aprender algo nuevo cada día. Esa sí es una constante en la vida de este murciano, que cumplirá los 51 años este 19 de noviembre y al que le gustaría que el destino le regalase una victoria contundente ante el Cartagena de su amigo Paco Belmonte.

Txema Almela tenía todas las papeletas para ser un hombre de letras y de arte. Nieto del pintor José María Almela Costa, artista de tradición costumbrista que supo captar como nadie la luz y los paisajes de la huerta de Murcia, e hijo de José María y Ángela, un respetado profesor de Dibujo y una filóloga clásica, Txema tiró por la senda de las ciencias. Estudió Medicina en la Universidad de Murcia, aunque luego salió de casa para hacer el MIR entre Valencia y Madrid. Pero siempre tuvo claro que quería vivir en Murcia, donde demasiadas raíces le unían a una tierra por la que suspira y a la que defiende. Por eso, quizás, haya decidido cambiar el rumbo de un club al que pretende, si le dejan, murcianizar.

Hizo la especialidad de Medicina Familiar Comunitaria y arrancó echando horas en la urgencia hospitalaria, aunque muy pronto se interesó por la gestión. Su capacidad de aprendizaje y su mano izquierda le llevaron a ser dos años director médico en el hospital Rafael Méndez de Lorca, aunque pronto le reclamaron para volver al hospital de Cieza, que considera su casa. A pesar de su cargada agenda quiso demostrar que las letras tampoco se le daban mal y sacó un hueco para estudiar Filología Inglesa. Apasionado de la cultura anglosajona, ha estado seis veces en Londres, en Escocia y Estados Unidos -junto con Egipto, uno de los destinos que más le impresionó-, aunque ya tiene en mente otro gran viaje: visitar Nueva Zelanda, país del que habla con gran pasión.

Admirador de la cultura anglosajona, disfruta de la comida india y, alguna vez, también de un buen puro

Pero si hay algo que también define a Almela es que no le dan miedo los retos y por eso, quizás, haya aceptado ser el cabeza visible del Real Murcia en el momento más delicado de la centenaria historia. Solo por el recibimiento de sus tres hijos (José María, Miguel y Javier) en la noche del pasado lunes, cuando fue proclamado por su Consejo de Administración, dice que le vale la pena todo esto. Sobre todo por el mayor, el que está cerca de los catorce, al que el nuevo mandamás grana le ha inoculado su murcianismo. Una pasión que, sin embargo, no le transmitió tanto su padre, que no era un gran futbolero y al que a veces tenía que convencer para que lo llevara a la vieja Condomina.

Txema Almela se hizo grana oyendo los partidos del Murcia por la radio y disfrutando del equipo de mediados de los setenta y los ochenta, el que se acostumbró a deambular por Primera División. «He pasado a peor vida», comenta ahora con una sonrisa a sus vecinos de La Flota, donde ya no es uno más. Ahora no puede bajar a la calle sin que lo paren para darle ánimos, para recibir el aliento de los murcianistas que viven en cada rincón de la ciudad. Ni siquiera puede tomarse con tranquilidad su cortado con sacarina, largo de café, en los bares de la zona. Ahora hasta se hace selfies, aunque sienta vergüenza.

El nuevo presidente grana, disfruta con sus excursiones a la Pedrera, con imaginarse un Real Murcia de los murcianos y con los libros del cartagenero, un tío «cojonudo»

José María Almela debutará en el palco de la Nueva Condomina el domingo 18 de noviembre. Ya no se podrá sentar en el fondo Sur, ocupando su localidad de la Peña Agustina. Ni tampoco tiene planeado encender ese puro que le gusta fumarse de vez en cuando. Y es que el nuevo presidente grana no es un hombre de excesos. Sale mucho, eso sí, pero casi siempre para comer o cenar con sus amigos, «muchos y buenos», según dice. Una de sus actividades preferidas para los fines de semana es arrancar su Honda CV 500 y echar a rodar. Sobre todo por la zona del Embalse de la Pedrera, jornada que él y sus amigos rematan con un buen arroz y un Ribera del Duero, su denominación de origen preferida, aunque tampoco le hace ascos a un Jumilla.

La reflexión de Harari

Todo lo hace con mucha moderación, incluso disfrutar de la comida india, sin demasiado picante. También escuchar música, sobre todo el pop de los ochenta. En eso también se considera una persona normal. Y si comete algún exceso, siempre está el deporte, con el que contrarresta el estrés. Dos partidos de fútbol a la semana y algo de tenis, aunque siempre guarda espacio para sus hijos, a los que prefiere educar dejándoles libertad.

Apuesta por construir un Real Murcia diferente, sin complejos y con señas de identidad propias

Para este murcianista, apasionado de todo lo que escribe Arturo Pérez-Reverte, al que le encantaría conocer y al que considera un tío «cojonudo», la vida ha cambiado. La ventaja: se considera un hombre equilibrado capaz de llevar toda la presión del cargo. Después de leer la novela de Inés Plana 'Morir no es lo que más duele', se ha volcado de lleno en el trabajo de Yuval Noah Harari, un autor israelí que desarrolla ideas sobre un mundo futuro y los retos que el ser humano tendrá que afrontar. Quizás la literatura de Harari sirva a Txema Almela para convertirse en el presidente más importante del equipo de sus amores. El que haga el Real Murcia de los murcianos. El que lo salve del abismo en el que hoy se encuentra.

 

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